Diario del Orador

Opinión del curso de comunicación asertiva para profesionales online

2026.07.30
Opinión del curso de comunicación asertiva para profesionales online, comparación entre dos programas de habilidades blandas

Once notas de voz sin enviar siguen guardadas en el borrador de mi teléfono, todas dirigidas al mismo cliente que sube el tono sin darse cuenta de que lo hace. Las grabo, las escucho una sola vez, y las borro antes de que lleguen a sonar como yo quiero sonar. Ese hábito, un poco inútil si lo pienso con calma, fue el que terminó llevándome a poner dos cursos de comunicación asertiva uno al lado del otro, no para elegir el mejor de los dos, sino para entender para qué sirve cada uno.

Aquí va lo de siempre, aunque prefiero decirlo con mis propias palabras: esta entrada tiene enlaces de afiliación. Si te matriculas a través de ellos recibo una comisión y a ti no te cuesta ni un peso más. Los dos cursos que menciono son de Hotmart y los pagué con mi propia plata antes de rayarlos en mi libreta; no los recomiendo por la comisión, los recomiendo porque los uso. La política completa está en el pie de página.

Escribir bien no alcanza cuando hay que hablar

Mi jefa me lo dijo sin rodeos hace tiempo: en los reportes soy clara, pero en las llamadas me apago. Como especialista de customer success, mi trabajo depende de guiar al cliente en tiempo real, y sin querer me había acostumbrado a resolver todo por escrito porque ahí sí controlaba cada palabra. El salto entre redactar un correo impecable y sonar igual de segura al decirlo en voz alta es la brecha que me trajo hasta aquí, aunque hoy no es lo que quiero desmenuzar.

Antes de buscar un curso probé con afirmaciones positivas antes de cada llamada, la frase que una se repite frente al espejo antes de salir a escena. Para el tercer día ya me sonaban huecas, como un casete grabado por otra persona. Quedarme completamente en blanco frente a un cliente, y lo que hago hoy para salir de ahí, es un tema que ya mastiqué en otro lugar; lo que quiero contar aquí es distinto, y tiene que ver con desarrollo profesional real, no con trucos de un fin de semana.

Dos cursos de habilidades blandas, dos problemas distintos que resolver

Después de mucho comparar, empecé por El Arte de Comunicar. Me convenció que hablara de la vida cotidiana y no solo del escenario grande. Tiene una calificación de 4.5, y lo que más me sostuvo fue el ritmo pausado: cada módulo deja algo puntual para probar antes de pasar al siguiente, sin acumular teoría que después no sé dónde meter. Hay tardes en que escucho un capítulo caminando entre los pasillos de la Librería Nacional del Centro de Medellín, antes de volver a la oficina, y el tono calmado del profesor se siente más como un permiso que como una instrucción.

El calentamiento de dicción que hago antes de una llamada importante es otra historia que no voy a abrir aquí, pero sí diré que el curso tocó algo más simple: cómo organizar una idea antes de que la boca se adelante al cerebro. Ese orden previo fue lo que me permitió, en una reunión tensa después, hacer una pregunta aclaratoria sin que la voz se me fuera detrás.

Libreta abierta con anotaciones sobre comunicación asertiva y habilidades blandas junto al teclado del computador

Lo que aprendí sobre poner límites sin regalar poder

Aquí mi opinión se separa un poco de lo que repiten muchos gurús de LinkedIn. El curso enseña que la comunicación asertiva es la base, pero mi experiencia en ambientes corporativos difíciles me enseñó algo más incómodo: la asertividad radical, sin estrategia detrás, puede convertirte en blanco fácil de quien ve la vulnerabilidad como una grieta para meterse. Practicar sola en voz alta, sin público ni cámara encendida, es un hábito que documento en otro texto aparte de esta comparación, pero aquí sirve para decir que la voz que suena firme en la ducha no siempre aguanta una llamada real.

Con el tiempo, organizar mis ideas para hablar con claridad terminó sirviendo tanto para que me entendieran como para protegerme. Ser asertiva no es soltar todo lo que pienso apenas lo pienso, es elegir el momento y el tono para que el mensaje sea una pared y no una invitación a que me contesten mal. Estar nerviosa y quedarme en silencio no son la misma cosa, aunque de afuera parezcan gemelas, y esa distinción la separo en otro momento porque aquí me interesa algo más puntual: qué curso me dio herramientas para cada escenario.

Natasha, una conocida del foro de Hotmart donde varias compartimos avances, fue quien me hizo la pregunta que nadie más se había puesto a hacer: si el problema real era el curso o lo que yo hacía con lo aprendido apenas colgaba la llamada. Para las reuniones de alto impacto, las que de verdad me suben la presión, complemento con Yo Hablo en Público, que tiene una nota de 4.4 y está pensado para el momento exacto de pararse frente a un público más grande, no para la conversación de oficina del día a día. Es más corto, más intenso, y sirve mejor cuando hay una presentación grande a la vuelta de la esquina que cuando lo que necesito es sobrevivir una llamada más de martes.

El silencio que sí funciona y el que solo aparenta calma

Hay una grabación de un miércoles que todavía conservo, la única que escuché completa sin sentir el impulso de cerrarla antes de que terminara mi propia voz. Escucharme grabada y sacar algo útil de eso, sin juzgarme cada segundo, da para su propio texto que ya escribí en otra parte. Lo que sí quiero anotar aquí es que el silencio que sostiene una respuesta no se parece en nada al silencio que se queda pegado en la garganta cuando no sé qué decir.

Los beneficios de leer en voz alta se sienten más en esos segundos de pausa que en la fluidez misma. Eliminar las muletillas que se me cuelan cuando hablo rápido es una pelea aparte de esta comparación, pero puedo decir que ninguno de los dos cursos me la resolvió sola: la resolvió repetir en voz alta hasta que la pausa dejó de sentirse como un vacío que había que llenar. Qué hacer en el segundo exacto en que la voz se quiebra frente a otros merece su propio análisis, no lo resuelvo en esta entrada, pero sí diré que ambos programas me dieron un lugar distinto donde practicarlo antes de que pasara de verdad.

Cómo elegir según lo que tengas por delante

Si tus días están llenos de llamadas de trabajo comunes, con clientes que preguntan lo mismo de siempre pero con un tono distinto cada vez, El Arte de Comunicar es el que sostiene mejor esa rutina, porque no te exige una versión de escenario, solo una versión más clara de ti. Si en cambio tienes una presentación grande, una reunión con dirección o un cliente nuevo que decide en una sola llamada, Yo Hablo en Público entrena justo ese tipo de presión puntual y concentrada.

Llevar un registro lento de lo que cambia, sin apurar el resultado, sigue siendo lo único que de verdad me ha servido, más que cualquier curso por separado. Rosario, una lectora de Bogotá que comenta casi siempre en las entradas del blog, me escribió una vez para confirmar que a ella también se le hacía nudo la voz cuando la nombraban en una reunión, y esa fue la prueba de que esto no es solo mi caso raro. Lo digo en serio: no tienes que elegir uno de los dos cursos para siempre ni hacerlo perfecto desde la primera llamada, solo tienes que decidir cuál de los dos problemas es el que de verdad tienes enfrente esta vez.